La Vida y Muerte de Ángel Enrique Paredes Ramos, Alias Cantu
¿Quién era Ángel Enrique Paredes Ramos?
Ángel Enrique Paredes Ramos, conocido en el submundo criminal como alias Cantu, era un individuo con un extenso prontuario ligado al sicariato y a la comisión de otros delitos de suma gravedad en la ciudad de Lima. Su nombre resonaba en los círculos policiales y judiciales debido a su presunta implicación en diversos actos de violencia y su vinculación con organizaciones criminales dedicadas al sicariato, extorsión y otros ilícitos. Las autoridades lo consideraban un elemento de alta peligrosidad, capaz de ejecutar crímenes por encargo y de sembrar el terror en la sociedad. Su historial delictivo lo convertía en un objetivo prioritario para las fuerzas del orden, que buscaban desarticular las redes criminales a las que pertenecía y llevarlo ante la justicia para que respondiera por sus actos. La vida de Cantu estuvo marcada por la violencia, la ilegalidad y una constante confrontación con la ley, lo que finalmente lo condujo a un trágico final en las calles de Comas.
En marzo de 2025, la Policía Nacional del Perú concretó su detención, acusándolo de participar en el asesinato de un suboficial en retiro de la institución, identificado como Renzo Pacherres Malpartida. Además del cargo de homicidio, las autoridades lo encontraron en posesión ilegal de un arma de fuego y pequeñas cantidades de sustancias ilícitas, lo que agravó aún más su situación legal. Su captura fue presentada ante la opinión pública como un golpe significativo contra la delincuencia organizada, dado que se le vinculaba estrechamente con la banda criminal Los Injertos del Cono Norte, considerada una de las más peligrosas y sanguinarias que operan en la capital peruana. Esta organización se dedica al sicariato, la extorsión, el cobro de cupos y otros delitos graves que afectan la seguridad ciudadana y el orden público. La detención de Cantu representaba un avance importante en la lucha contra el crimen organizado y un paso crucial para desarticular las estructuras criminales que operan en el país.
Libertad y Regreso al Crimen
A pesar de la gravedad de los cargos que enfrentaba y de sus antecedentes por homicidio, Ángel Enrique Paredes Ramos recuperó su libertad en un lapso de tiempo sorprendentemente corto, menos de un año después de su detención. Las razones detrás de su liberación no fueron del todo claras, generando suspicacias y cuestionamientos sobre el sistema judicial y las garantías que se brindan a personas acusadas de delitos graves. Una vez fuera de prisión, Cantu no tardó en retomar su vida delictiva, volviendo a involucrarse en actividades criminales que lo llevaron a perpetrar nuevos actos de violencia y a sembrar el terror en la sociedad. Su reincorporación al mundo del hampa demostró la dificultad de rehabilitar a personas con un historial delictivo tan extenso y la necesidad de implementar políticas públicas más eficaces para prevenir la reincidencia y garantizar la seguridad ciudadana. La libertad de Cantu resultó ser un error que tuvo consecuencias fatales, tanto para él como para otras personas que fueron víctimas de sus acciones.
Su vida delictiva llegó a su abrupto final la madrugada del 8 de enero de 2026 en el distrito de Comas, un lugar donde la delincuencia y la violencia son problemas cotidianos. Cantu fue abatido a tiros cerca de un parque, en circunstancias que aún no han sido esclarecidas por completo. Según testigos presenciales, el sicario intentó escapar junto a un cómplice, quien logró huir rápidamente del lugar abandonando la motocicleta en la que se desplazaban. En la escena del crimen, la policía encontró el arma de fuego que se presume fue utilizada en el homicidio de un transportista de 28 años, lo que sugiere que Cantu estaba involucrado en actividades de sicariato y cobro de cupos. Su muerte pone de manifiesto la peligrosidad del mundo del hampa y la violencia extrema que se vive en las calles de Lima, donde los sicarios operan con total impunidad y la vida humana tiene poco valor.
El Abatimiento y la Escena del Crimen
Tras el ataque contra el transportista, las cámaras de seguridad instaladas por los vecinos capturaron el instante en que el sicario, vestido con ropa clara, intentaba huir mientras se producía un intercambio de disparos con un agente policial. Las imágenes revelan la tensión y el peligro que se vivieron en esos momentos, con el sonido de las balas rompiendo el silencio de la noche y el temor reflejado en los rostros de los testigos. En el video se observa cómo un vecino busca refugio detrás de un vehículo estacionado, mientras el policía lo protege y le indica que permanezca en el suelo para evitar ser alcanzado por las balas. El agente, con valentía y profesionalismo, se enfrenta al sicario y le ordena que se detenga, pero este último hace caso omiso y continúa disparando, lo que obliga al policía a responder al fuego y abatir al delincuente. Las imágenes son impactantes y demuestran la peligrosidad del trabajo policial y la necesidad de brindar a los agentes el apoyo y los recursos necesarios para enfrentar la delincuencia.
Acto seguido, el suboficial de la Policía Nacional del Perú, en cumplimiento de su deber y en legítima defensa, dispara contra Ángel Enrique Paredes Ramos, alias Cantu, quien cae abatido en el lugar. La muerte del sicario marca el fin de una vida dedicada al crimen y la violencia, pero también plantea interrogantes sobre la eficacia de las políticas públicas para combatir la delincuencia y prevenir la reincidencia. El caso de Cantu demuestra la necesidad de fortalecer el sistema judicial, mejorar las condiciones de las cárceles y brindar oportunidades de rehabilitación a las personas que han cometido delitos, para evitar que vuelvan a reincidir y sigan sembrando el terror en la sociedad. Además, es fundamental invertir en educación, empleo y programas sociales que permitan a los jóvenes alejarse del mundo del hampa y construir un futuro mejor.